Guillermo del Toro define cómo es el coraje de las 3 de la mañana: “Es la peor hora”

Una mirada al proceso creativo, el trabajo compartido y las decisiones que se toman en silencio

Patri Rodríguez Rodao

Actualizado a

Guillermo del Toro

Guillermo del Toro reflexiona sobre el oficio de crear y todo lo que ocurre cuando nadie mira.

Getty Images

A sus 61 años, Guillermo del Toro atraviesa uno de esos momentos que, vistos desde fuera, parecen de plena consagración. Frankenstein, su largamente soñada adaptación de la novela de Mary Shelley, acaba de sumar nueve nominaciones al Oscar, incluida mejor película y guion adaptado.

Es una confirmación dentro de una carrera larga, coherente y profundamente personal. Quizá por eso, cuando intenta ponerle palabras a ese impulso, lo expresa así: “El coraje es el coraje de las 3 de la mañana. Es la peor hora. Es la hora en que estás solo. Es la hora en que tienes que reconciliarte con tu vida”.

Crear cuando nadie mira

Del Toro ha explicado muchas veces que lo verdaderamente difícil no ocurre en las alfombras rojas. Ocurre cuando estás solo con una idea que no termina de encajar, con un proyecto que parece demasiado grande o demasiado raro. “Si a ti no te da miedo lo que vas a contar, es muy probable que no provoque ninguna emoción en nadie”, dice. El miedo no es un obstáculo, es un termómetro. Si no está ahí, algo falla.

Ese planteamiento está presente en buena parte de su cine: historias incómodas, criaturas incomprendidas, personajes que cargan con heridas antiguas. El riesgo, para él, es una condición necesaria para que una historia tenga sentido.

El cine como alquimia

Cuando Del Toro habla de cine, evita cualquier lectura técnica. Para él, “el cine no es química, es alquimia”. Trata de transformar materiales conocidos —un mito clásico, una novela leída en la infancia, una obsesión personal— y devolverlos convertidos en algo propio.

Guillermo del Toro en el rodaje de su pelicula Frankenstein

Para Guillermo del Toro, una historia conocida solo cobra sentido cuando se transforma en algo propio.

Instagram @gdtreal

Esa idea se extiende también a su manera de entender el guion. Para Del Toro, “el guion existe en tres niveles”. Primero, el literario. Después, el audiovisual, escrito con decisiones de cámara y de sonido. Y, por último, el guion de edición, donde la película termina de escribirse con el lenguaje que se ha ido construyendo durante el rodaje. Nada está completamente cerrado hasta el final.

El proceso y sus tiempos 

“Yo sí creo que el acto evolutivo de la creación artística es de belleza y misterio”, afirma Del Toro. Crear implica convivir con partes del proceso que no se dominan del todo, con decisiones que no se entienden en el momento y con tiempos que no siempre se pueden controlar. Hay cosas que solo se ordenan más adelante, cuando la obra ya ha avanzado.

Esa manera de trabajar explica la relación que mantiene con proyectos largos y complejos, y por qué han tardado años en materializarse.

Guillermo del Toro revisa una escena junto a uno de los actores durante el rodaje de Frankenstein

La escucha ha sido una parte central en la forma de trabajar de Guillermo del Toro.

Instagram @gdtreal

Crear acompañado

Lejos de la imagen del director aislado, Guillermo del Toro habla del trabajo compartido como un espacio de descubrimiento. “Colaborar con un equipo es como ir a la tienda de sedas más hermosa del mundo”, explica.

Si llegas con una sola idea en la cabeza y no dejas margen para que alguien te muestre otra posibilidad, te pierdes buena parte de lo que ese proceso puede ofrecer. Crear una atmósfera abierta acaba influyendo directamente en la película que se hace.

Con el tiempo, lo que permanece no es tanto una obra concreta como la huella que deja esa forma de trabajar, y el proceso acaba teniendo tanto peso como el resultado.

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