¿En qué debemos fijarnos al comprar agua embotellada? La nutricionista Sara Mansa nos da las claves

Si hay un elemento que destaca en nuestra composición corporal, sin duda, es el agua. Entre un 50 y un 70% de nuestro peso corresponde a ella. De ahí la importancia de reponer la que vamos perdiendo en los diferentes procesos que lleva a cabo el organismo, bebiendo entre 1,5 y 2 litros cada día. 

Para lograr este objetivo dispones de una amplia oferta, si no consumes agua del grifo. Puedes encontrar aguas con gas, sin gas, de sabores… Pero estas no son sus únicas diferencias. 

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Primero, fíjate en la procedencia del agua

Las etiquetas deben indicarlo claramente. 

  • Agua mineral natural. Proviene de manantiales subterráneos protegidos y se envasa directamente, sin tratamientos químicos. Su composición mineral es constante (siempre es igual) y se lee en la etiqueta. 
  • De manantial. También procede de acuíferos naturales, pero su composición puede variar (por eso, en la etiqueta no especifica la cantidad de minerales que lleva). Al igual que las del tipo anterior, es de buena calidad y segura.
  • Potable preparada. Es básicamente agua del grifo que se filtra o trata antes de embotellarse. Puede tener un mejor sabor que aquella, pero nutricionalmente no ofrece ventajas.

Una mineralización para cada caso

La mineralización hace referencia a la cantidad de minerales disueltos (sales como calcio, magnesio, sodio, bicarbonatos, sulfatos…) que contiene esa agua. 

Se mide en “residuo seco” a 180º. Es decir, la cantidad de minerales que queda al evaporar un litro de agua a esa temperatura. En la etiqueta de las aguas minerales naturales encontrarás ese valor en miligramos por litro (mg/l). De este modo, pueden ser de mineralización…

  • Muy débil. En ellas, la concentración de minerales es de menos de 50 mg/l. Son aguas ideales para embarazadas (y bebés), personas con problemas renales o con hipertensión, porque son muy pobres en sodio. 
  • Débil. Contienen entre 50 y 500 mg/l. Son las más recomendadas para el consumo diario de toda la familia.
  • Media. Suman entre 500 y 1.500 mg/l. Son útiles si se hace mucho deporte o hay una pérdida elevada de electrolitos (por ejemplo, en una gastroenteritis). 
  • Fuerte. Aportan más de 1.500 mg/l. Algunas tienen usos concretos (por ser ricas en calcio, en sulfatos para la digestión…), pero no se recomiendan para un consumo generalizado.

El contenido de cada mineral importa

Además de su mineralización, las minerales naturales indican el contenido específico de cada tipo de mineral. Y esto puede ser muy útil para reforzar la salud de varias formas. 

  • Cuando hay problemas de acidez y malas digestiones, elegir un agua con más de 600 mg/l de bicarbonatos puede ayudar.
  • Para fortalecer los huesos, sobre todo si no se consumen lácteos, puede irte bien elegirlas con más de 150 mg/l de calcio.
  • Si te conviene reducir las cifras de presión arterial, las aguas que incluyen menos de 20 mg/l de sodio son buenas aliadas.
  • En caso de estreñimientolas de más de 200 mg/l de sulfatos pueden interesarte porque ayudan a mejorar el tránsito intestinal. 
  • Para paliar los calambres, una con más de 50 mg/l de magnesio, que potencia el funcionamiento muscular y nervioso, es buena opción. 
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RBA

¿Y qué hay de las aguas con gas?

Pueden incluir naturalmente el gas o incorporarlo en el proceso de envasado (en este caso, la etiqueta debe indicar “con gas carbónico añadido”). 

Son refrescantes, no aportan calorías y pueden saciar más, pero en personas con gases o reflujo quizá generen molestias. 

¿Las de sabores son realmente sanas?

Últimamente se han puesto de moda. Pero aunque puedes encontrarlas en los lineales del agua y su envase es muy similar al de las clásicas, no son exactamente lo mismo. 

  • Llevan aromas, edulcorantes o azúcares añadidos. Por eso, no deben tomarse como alternativa diaria al agua convencional.
  • Tómalas de forma ocasional, por ejemplo, en sustitución de los refrescos azucarados convencionales. Otra opción es prepararlas en casa, mezclando agua con zumo de fruta natural, hierbas aromáticas, pepino, jengibre…

Purificar el agua del grifo para un mejor sabor

Beber agua del grifo es otra propuesta segura, económica y sostenible. Aunque es cierto que, a veces, el sabor puede no ser de nuestro agrado, algo que ocurre sobre todo si el agua en origen es rica en sodio (porque, como pasa también cuando cocinamos, la sal realza el gusto de los otros ingredientes, en este caso el cloro). 

  • Una opción sencilla para eliminar el cloro y, así, disfrutar de un agua con un sabor más suave, es depositarla en una jarra abierta de cristal y dejar que repose 30 minutos. Esto facilita que parte del cloro se evapore. O puedes añadirle unas gotas de limón: la vitamina C del cítrico ayuda a eliminar este compuesto y, además, le da un toque de sabor. 
  • También puedes filtrarla. Existen filtros que se instalan en el grifo y jarras que hacen pasar el agua por un filtro de carbón activado, un material que absorbe el cloro y mejora el sabor. Otra posibilidad es instalar un aparato de osmosis inversa: con él, el agua pasa por una membrana en la que, tanto el cloro como posibles contaminantes, quedan atrapados.

En definitiva, no existe un agua que sea “más saludable“: lo importante es elegir la que mejor se adapte a cada situación.

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