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Sesenta años después de que Carlos Saura encerrara en un coto a Emilio Gutiérrez Caba, Alfredo Mayo, Ismael Merlo y José María Prade en ‘La caza’, Pedro Aguilera revisiona la misma historia, pero desde un punto de vista femenino. Blanca Portillo, Carmen Machi, Rossy de Palma y Zoe Arnao toman el relevo en un asfixiante remake rodado en Cáceres que deja patente algo igual de aterrador: las cosas no han cambiado tanto. Hablamos con Blanca Portillo sobre el submundo (real) que representa la película, que se ha estrenado en el Festival de Málaga dentro de la Sección Oficial fuera de concurso.

Cuesta asumir que ‘Día de caza’ siga siendo tan contemporánea.
Cómo encaja ahora, ¿verdad? Es que ‘La caza’ es mucho menos anecdótica de lo que creemos. Habla de temas más profundos, esos señores, bajo la dictadura, que tienen unos dineros y unas peleas… Habla de un submundo humano y social que da igual en qué tiempo estemos. Si son los años 60 o 2026. Tiene que ver con pasiones humanas, oscuridad que siguen estando ahí, y de una especie de sentir español que no sé si ha cambiado mucho. También tiene que ver con las diferencias sociales, de edades, cómo los jóvenes ven a los más mayores. Hay algo que es eterno.
¿Sentiste responsabilidad al volver a llevar a la pantalla una obra maestra de Carlos Saura?
Como espectadora de cine, no como persona que se dedica al cine, Saura es Saura. Me pongo a sus pies, es un genio, un monstruo del cine. Como espectadora me fascina, pero es hay que dejarlo aparte. Bastante mal lo pasamos con hacer un trabajo que era muy difícil a priori. Al leer el guion dije, uffff. Si además te cargas con la responsabilidad del universo de Saura… Además, no tiene sentido tampoco, eso ya está ahí. ‘La caza’ nadie la va a tocar. La responsabilidad está en el nuevo proyecto con una nueva visión.

¿Fue tan asfixiante el rodaje como se transmite?
Tengo la sensación de que las jornadas eran de 27 horas. Empezábamos súper temprano, para coger las mejores horas del día porque a las 3 de la tarde la lipotimia estaba asegurada con cuarenta y tantos grados. Allí, en la dehesa extremeña, con una ola de calor, en un sitio lleno de mosquitos y bichos y con las vacas pastando… Tenías que estar como sin moverte muevas mucho, sin hacer nada. Y eso te pone nerviosa. Todo el rato pensando: ‘Me quito esto, lo tiro, ya no puedo más, me quiero ir a mi casa’. La verdad es que venía muy bien para el personaje. Yo no he pasado tanto calor en mi vida, te lo voy a resumir así. Llegabas al hotel y una cerveza fría, aire acondicionado y pensar: mañana otra vez.

¿Contactasteis con mujeres cazadoras?
Esas señoras existen. Hay muchas asociaciones de mujeres cazadoras, yo no tenía ni idea y no daba crédito cuando me lo contó Pedro Aguilera, el director. De hecho, hay más mujeres cazadoras que hombres. Se juntan para pintar la mona y hacer negocios, lo que siempre se ha hecho en las cacerías. Y son absolutamente reales. Sí que hablé con un hombre que trabajaba organizando partidas de caza para esta gente. Él caza jabalíes para comer, hace embutidos, y me contó cómo son esos ambientes de caza. Lo que se ve en la película no es nada… pueden llegar a cosas inauditas en esas fincas.

Director digital de Fotogramas.es y el español vivo que ha visto y ve más cine español. Se mete 1,7 películas al día y escribe sobre ellas 40 horas a la semana desde hace 20 años. Y no solo cine patrio. Desde los títulos más indies hasta los blockbuster imprescindibles o lo más selecto de los festivales internacionales. Todo vale para alimentar su inagotable ansia cinéfila. Y, por supuesto, sin dejar de lado las series de televisión.
Por su grabadora ha pasado todo el ‘star system’ español… y gran parte del internacional. Desde que se licenció en Periodismo allá por… Bueno, desde que se licenció en Periodismo, ha trabajado en varias cabeceras de Hearst, como TP, Supertele o Teleindiscreta, antes de aterrizar en Fotogramas, curiosamente, la revista que le empezó a despertar su pasión por el séptimo arte desde bien pequeñito.
También es actor pero, a la espera del Goya Revelación, está felizmente encasillado en su papel.


