En un mercado inmobiliario donde los precios se disparan, cada decisión cuenta. Metros cuadrados, ubicación, altura, vistas… Todo suma en el anuncio. Pero para el arquitecto Edu Saz, hay dos aspectos que deberían analizarse con lupa antes de comprar una vivienda —y que a menudo se pasan por alto—: los metros realmente habitables y la calidad de los materiales con los que está construida.
Su reflexión nace tras ver un anuncio de obra nueva en el barrio de Delicias, en Madrid: un ático de dos dormitorios, planta séptima, exterior, con un precio de 1,5 millones de euros. La cifra impacta, pero también lo hace el desglose: 188 m² construidos, de los cuales solo 60 m² son útiles interiores.
Un dato que, más allá de lo técnico, condiciona directamente la forma de vivir la casa. Porque no se trata solo de cuántos metros se compran, sino de cuántos metros se disfrutan realmente en el día a día.
“>obra nueva, ¿pero de alta calidad?
La crítica de Saz no se centra únicamente en los metros útiles, sino también en las calidades. “Por ese precio yo me esperaría una obra con calidades altas”, afirma. Y concreta qué entiende por ello: “Puertas de suelo a techo, un suelo de madera natural y no un laminado. También esperaría mármol natural en algún sitio, por lo menos en el portal”.
La cuestión no es incorporar materiales de lujo de forma indiscriminada, sino que exista una coherencia clara entre el precio de la vivienda y las decisiones constructivas. En promociones de este nivel económico, los materiales no son un detalle menor: forman parte esencial de la experiencia del espacio y de cómo envejece la vivienda con el tiempo.
“>Paredes estándar para una vivienda excepcional
Otro de los aspectos que llama la atención del arquitecto es el tratamiento de los interiores. “La mayoría de los paramentos verticales de la obra van con pladur y pintura blanca lisa como en cualquier obra”, señala.
Una solución habitual en promociones estándar que, aplicada a una vivienda de 1,5 millones de euros, genera una sensación de producto genérico. El resultado es un interior que no transmite el nivel que el precio sugiere, independientemente de la altura, las vistas o la condición de ático.
“>Un proyecto bien planteado, una ejecución recortada
La crítica de Edu Saz no es total. De hecho, distingue claramente entre proyecto y ejecución. “Me parece que el diseño general del edificio sí está bien resuelto”, reconoce. Sin embargo, apunta dónde está el problema: “Pero la ejecución falla más por temas de presupuesto”.
Es decir, no se trata de una mala idea arquitectónica, sino de decisiones económicas que rebajan el resultado final. Un fenómeno frecuente en la obra nueva actual, donde el ajuste de costes termina afectando a materiales, acabados y percepción de calidad.
Qué debería mirar el comprador más allá del anuncio
“>Este caso pone sobre la mesa dos cuestiones clave para cualquier comprador:
Por un lado, entender bien la diferencia entre metros construidos y metros realmente habitables, y valorar si esos metros se ajustan a la forma de vida que se busca.
Por otro lado, analizar con detalle las calidades reales, más allá de renders, infografías o palabras como “ático”, “exclusivo” o “lujo”.
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“>Porque, como evidencia este ejemplo, un precio elevado no garantiza ni un espacio bien aprovechado ni materiales acordes, y solo una lectura atenta —de planos, memoria de calidades y ejecución real— permite saber qué se está comprando de verdad.


