Las claves de la administración Trump

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Uno se pregunta si ese delirio de Delcy Eloína, sus bravuconadas, son parte de un libreto político bien pensado, o si responde a una ira incapaz de controlar. En una intervención de esta semana le escupió a sus huestes, reunidas en un evento del PSUV, que “su gobierno” ya estaba cansado de recibir órdenes del norte. En otra ocasión, hace pocas horas, maldijo indirectamente a María Corina Machado tras su encuentro en Washington con Marco Rubio. Delcy amenazó a la líder opositora de asumir las consecuencias en caso de que se le ocurriera volver a Venezuela, asegurando que habría “ley y justicia” para todos aquellos que le han hecho mucho daño al pueblo de Venezuela. ¡Qué irónico!

Pero, uno también se pregunta cuál es el juego en clave que nos están mostrando Donald Trump y su secretario de Estado. Primero, cuando periodistas abordaron recientemente al presidente norteamericano sobre el rechazo de Delcy a sus órdenes, éste simuló extrañeza señalando que no había escuchado algo por el estilo, pero que las relaciones con el interinato venezolano estaban marchando viento en popa. Marco Rubio, por su parte, ante inquietudes similares durante una interpelación que le hicieron en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, pidió a la opinión pública que se fijara más en lo que hacía Delcy que en lo que decía. Es como si la hermanita diabólica hubiese recibido permiso de la Casa Blanca para gritar lo que quisiera, siempre y cuando se atenga a las instrucciones.

Es extraño todo esto, porque Rubio sabe muy bien que en política, la comunicación, es decir el contenido implícito y explícito de los mensajes y la manera en que estos llegan al público es algo extremadamente importante. Todas estas aparentes contradicciones generan angustia y alarma en un país como Venezuela que todavía tiene grandes expectativas en torno a lo que ha de pasar en las semanas y meses por venir. Se espera un verdadero cambio, y cuanto antes, mejor. La paciencia no impera y nadie está en capacidad de saber el momento en que las cosas pueden salirse de control.

Tal vez por estas consideraciones, Marco Rubio, aplicando una de esas medidas interpretadas como de control de daños, hizo muy público y notorio su encuentro con María Corina Machado, por cierto, minutos después de su interpelación en el Senado. Fue un mensaje directo que cayó como una puñalada en el pecho de Delcy Rodríguez: estamos administrando contigo la forma como debes gobernar en esta etapa de “estabilización”, pero que no se te olvide que tenemos aquí en Washington a la persona que regirá los destinos de Venezuela en el momento más adecuado.

Los roles del dúo dinámico

Pareciera que las dos principales cabezas del imperio, en su estrategia hacia Venezuela, estuviesen jugando dos roles bien definidos. Uno, portando una zanahoria (Trump), y el otro, listo con el garrote, para demostrar que hay una fuerza respetable detrás de la diplomacia y la negociación.

Entre dimes y diretes, la administración Trump parece muy segura de que las cosas con Delcy Rodríguez están marchando tal como lo dicta la hoja de ruta elaborada, no ahora, sino desde hace mucho tiempo atrás. 

Por si acaso y alguien en el interinato lo ha olvidado, Marco Rubio recordó en la Cámara del Senado que la opción militar sigue sobre la mesa ante un eventual  traspaso de ciertas líneas rojas. Destacó como ejemplo la permanencia, en territorio venezolano, de factores enemigos de los intereses de Estados Unidos, caso de Rusia, China e Irán, y, respecto a este último, su peligroso juego de proveer drones al régimen chavista. Por su parte, Donald Trump, en su papel de “niño bueno”, y quien ha recalcado cada vez que aparece ante los medios lo “maravillosa” que ha resultado ser Delcy Rodríguez, así como lo bien que han estado trabajando, ha matizado un poco la dureza de su secretario de Estado al anunciar, por ejemplo, su decisión de abrir nuevamente el espacio aéreo comercial sobre Venezuela. Este anuncio estuvo precedido por una llamada telefónica a Delcy Rodríguez para informarle sobre el particular. Ella, muy envalentonada, se lo anunció a sus tristes seguidores como un logro de su subordinada y patética gestión. 

Por supuesto que cuando Donald Trump se refiere a Delcy como maravillosa, le está diciendo: pórtate bien y seguirás siendo maravillosa. No obstante, las dudas siempre quedan en el aire. 

Los tiempos de Washington son diferentes a los de una nación entera que ha esperado demasiado tiempo por un desenlace favorable. En la mente de Donald Trump, y todos esperamos que sea sólo por ahora, está el interés económico, es decir, el de las petroleras que él auspicia y que han de generar ganancias para todas las partes. Por supuesto, también existen consideraciones de orden geopolítico y de seguridad vitales para el gobierno estadounidense. Mientras, en la mente del ciudadano común venezolano, la liberación del país y un camino claro hacia la transición y la democracia, son las prioridades que hay que atender. 

Es posible que la pirámide esbozada por el Departamento de Estado y la Casa Blanca esté erróneamente invertida. Esto quiere decir que si realmente el interés del gobierno estadounidense es hacer florecer de nuevo a la industria petrolera en Venezuela, y con ello, promover su economía y prosperidad, nada de eso será posible en estricto sentido, mientras esté a cargo del interinato otra  narcoterrorista más, aún en un estado de subordinación como el actual. Sin Estado de derecho no mucho se habrá hecho para alcanzar el objetivo deseado. Demás está decir que la razón por la cual Delcy Eloína no ha sido imputada por la Fiscalía y tribunales de Estados Unidos, a pesar de muchísimas investigaciones concluyentes, es por su simple utilidad para los planes de Donald Trump. 

De allí la opinión que ha venido cobrando cada vez más peso, y es esa que considera como vital que para recuperar el buen funcionamiento de la economía venezolana, debe instalarse, primero, un gobierno con la capacidad, voluntad y lealtad necesarias, como garantía de una alianza verdadera y sostenible con los Estados Unidos. Cierto es que, en última instancia, el orden de las cosas lo ha de decidir Washington, al margen de la lógica preocupación de que un error de cálculo podría hacer permanecer a la nomenclatura chavista más tiempo del deseado.

Mientras tanto, María Corina ha anunciado que está deseosa de volver a Venezuela muy pronto. Nuevamente, la decisión de retornar al país ya no va a depender de ella. A estas alturas cualquier movimiento suyo ha de estar sujeto a consultas con Donald Trump y su equipo. Ellos escogerán el momento que consideren más oportuno. Tal vez cuando se produzca la reinstalación oficial de la embajada gringa en Caracas. Tal vez cuando la tarea solicitada al interinato de Delcy de liberar a todos, pero todos los presos políticos, se termine de materializar.

O quizás, cuando, por incapacidad o incumplimiento de las instrucciones emanadas desde Washington, se decida ejecutar la segunda fase de la Operación Resolución Absoluta, esta vez seguramente dirigida a Diosdado Cabello, para quien el costo de permanencia en Venezuela sigue siendo menor al de irse a un exilio dorado, si es que algo como eso existe para él.

Es probable que Diosdado piense que puede estar tranquilo, asumiendo como un hecho lo que aseveró Marco Rubio en su interpelación ante el Senado; esto es, que una nueva acción militar en Venezuela significaría un retroceso en la hoja de ruta trazada, ahora mismo en la etapa de estabilización. De cualquier forma, nada está totalmente garantizado. Siempre es bueno recordar que a veces hay que hacer más caso a lo que se hace, y menos a lo que se dice.

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