Un piso pequeño en el que los materiales y el mid-century modern nos envuelven por completo
A la hora de afrontar la reforma de este apartamento, a la arquitecta de interiores Lauranne Elise Schmitt le dieron vía libre para que hiciera y deshiciera a su antojo. La razón es sencilla: “El propietario se puso en contacto conmigo a raíz de uno de mis proyectos anteriores. Teníamos referencias comunes, como el estilo mid-century modern, muy representado en la Costa Oeste a partir de los años 40”, explica. La vivienda nos envuelve con su armazón de madera desde el momento en que entramos. Dispuesto longitudinalmente, conserva su planta original, pero se han eliminado todos los tabiques para crear una perspectiva continua, coronada por cinco ventanas orientadas al sur. El espacio se despliega sucesivamente, y cada secuencia se revela poco a poco.

La aquitecta de interiores Lauranne Élise Schmitt tuvo carta blanca para el proyecto desde el principio.
© Matteo Verzini
Un universo completo
El patrón geométrico del parqué natural, con listos en negro, es la pieza central de la decoración y el hilo conductor. Su diseño aporta un fuerte estilo decorativo y un agudo sentido de la puesta en escena. Esto continúa en el cuarto de baño, esta vez combinando travertino avellana y mármol negro Marquinia. En la cocina, el techo está revestido de roble, al igual que los muebles de almacenaje, omnipresentes pero invisibles. Cuenta con una encimera de latón patinado en bronce, espaciosa y cómoda para el tamaño del piso, mientras que una mesa de roble macizo en color miel, diseñada a medida, se despliega discretamente para el uso diario. Junto a ella, dos taburetes de altura regulable pueden utilizarse para crear una zona de almuerzo o de cena… o incluso un bar, transformando la estancia en una pequeña suite de hotel de la que nunca querrías salir.

Una volumen de madera que esconde espacio de almacenaje estructura el espacio y dirige a la cocina. En la librería, un dibujo al carboncillo sobre papel de Alex Foxton, Study for Sebastian (for Eugène), 2024 (en Galería Derouillon). Iluminándolo todo, una lámpara colgante mid-century, de Carl Fagerlund para Orefors, de 1960.
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El arte de vivir
La luz, que actúa como una materia prima más en este proyecto, se desliza sobre las superficies desde el final de la mañana hasta la noche. Capta las texturas, revela los matices de la madera, del latón patinado y de la piedra, y acentúa su profundidad. En el techo de roble color miel, los focos integrados en forma de rombo aportan un toque art déco, al igual que lo hacen otros muchos detalles: desde el negro y la madera del parqué hasta el cristal estriado de la puerta doble que da acceso al dormitorio. Lauranne Elise Schmitt ha creado algo más que un piso: ha creado un arte de vivir. En esta preciosa y relajada casita, los muebles modulares mezclan el desenfado californiano con la sofisticación parisina, como el sofá modular vintage de cuero color chocolate al estilo de Michel Ducaroy, los espejos biselados y los arcos barnizados que destacan en la habitación o la antigua lámpara de suspensión de latón y cristal de Murano que refleja la luz como una joya, añadiendo un toque de refinamiento a este interior tan de club. El ambiente es tranquilo, lujoso y flexible: uno se siente inmediatamente como en casa.

Vista de la cocina desde uno de los espejos del salón. Los muebles bajos son de roble teñido de color miel con tiradores de bronce, al igual que las puertas del vestidor. La encimera es de latón patinado y las paredes están pintadas en color Marron d’Inde, de Ressource. En las estanterías, una obra de Jean-Philippe Delhomme, Orange and Braque, 2025 (en Galería Perrotin) y copas de vino firmadas por SZklo Studio (en Galería Paradis) y juego de té cónico con tetera (sobre la encimera), azucarero y jarrita para la leche chapados en plata y oro, de los años 50 (en Galería Paradis).
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Dominar la mezcla
El estilo de Lauranne Élise Schmitt se reconoce en el magistral arte de la combinación de elementos: materiales profundos, maderas barnizadas con reflejos oscuros, tonos cálidos –del dorado al bronce, los ocres y los caramelos–, motivos gráficos heredados del art déco, siempre atemperados por una elegancia contemporánea y una gran sensualidad. Un lenguaje decorativo preciso, casi escenográfico, donde cada detalle contribuye a la narrativa y la identidad del lugar. El cuarto de baño, deliberadamente decorativo, está revestido de mármol Calacatta Selva en tonos blanco, beis y chocolate, que son realzados por mosaicos en bronce y negro y un mueble de lavabo a medida en roble teñido de caoba brillante, uno de los materiales favoritos de la arquitecta. En este formato compacto, la interiorista orquesta un auténtico manifiesto estético, donde lujo, sensualidad y funcionalidad se condensan con precisión. Su mundo se encuentra con el imaginario californiano del mid-century modern: sus maderas cálidas y esa luz perfecta, como capturada en el momento suspendido de “la hora dorada”, ese instante mágico del atardecer.

La geometría de las líneas y los fuertes contrastes aportan un toque art déco al apartamento, reforzado por los tiradores de bronce y los focos con forma de rombo en el techo.
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Debajo de la encimera, una mesa de roble macizo color miel, diseñada por Lauranne Elise Schmitt, se despliega discretamente para el uso diario o el teletrabajo. En el mismo mueble, dos taburetes ajustables en altura permiten crear un rincón para almorzar o cenar… o incluso para hacer las veces de bar.
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Tiempo suspendido
Preguntamos a la interiorista si, de todos sus proyectos, este supone su mejor tarjeta de presentación, el más auténtico, el más preciso: “Es curioso, porque al principio era reacia a fotografiar este interior al tratarse de un piso pequeño”, confiesa. “Pero, desde el principio, el universo que creé fue extremadamente intuitivo. Todo estaba en su sitio, listo para acoger, para envolver, para suspender el tiempo”. Si tuviera 350 m2 en lugar de 36, posiblemente este piso no sería tan diferente, hasta el punto de que pensamos que la atención al detalle y los impecables acabados demuestran magníficamente que Lauranne Élise Schmitt dispone de los medios necesarios para hacer realidad sus ambiciones en cuanto a materiales, distribución y narrativa. Sus proyectos más recientes incluyen un gran hotel en Londres y una casa en Normandía. Estamos deseando verla de nuevo en el sector hotelero, e incluso en otros ámbitos, donde sin duda cuenta con los recursos técnicos y artísticos necesarios para materializar su filosofía estética.

La doble puerta de cristal esmerilado que conduce al dormitorio deja pasar la luz incluso cuando está cerrada. En primer plano, una mesa de centro de Gianfranco Frattini para Cassina, de los años 70 y sofá vintage de cuero color chocolate al estilo de Michel Ducaroy (en Marché Paul Bert-Serpette). La lámpara de pie en acero inoxidable cepillado, es de SASHA X SASHA (en Galerie Paradis) y en el techo, una mid-century, de Carl Fagerlund para Orefors, de 1960.
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En una de las paredes del salón, un espejo biselado en tres paneles, a modo de biombo, refleja la luz y amplía visualmente el espacio. El dormitorio se revela tras un monumental arco de madera barnizada que integra puertas empotradas de cristal acanalado. El dormitorio está revestido con textiles de Nobilis y el cabecero ,de tela Lounge color avellana, de Métaphores.
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Sobre la cama, una obra de Jean-Philippe Delhomme, Milton Avery with lemon, 2025 (en Galería Perrotin). A la derecha, un aplique Brass Wall Lights, de los años 60, y un gran espejo de cuerpo entero que oculta un vestidor. Sobre la cama, cojines de Maisons de Vacances.
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