Isabel Reoyo, psicóloga: “Una persona que interrumpe la conversación no siempre refleja egocentrismo”

Cuando tenemos algo que nos hace ilusión explicar y nos interrumpen para cambiar la conversación o (si es una historia compartida) para dar otro punto de vista, suele sentarnos mal.

Si la conversación se pierde y ya no podemos retomar nuestro relato y quien nos ha interrumpido se queda la atención puede dejarnos en una sensación de tristeza y baja autoestima (nadie se interesa por lo que decíamos) o de rabia hacia quien nos ha quitado protagonismo.

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La persona que te interrumpe puede no hacerlo con mala intención, pese a que es lo que parece.

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No siempre es por egoísmo

Según explica la psicóloga Isabel Reoyo, interrumpir “es algo más común de lo que pensamos” y “la realidad es mucho más compleja” de lo que parece a primera vista.

Que sea común no lo hace válido. Igual que el hecho de que haya mucha gente maleducada tampoco justifica la acción.

Sin embargo, la interrupción “no siempre refleja egocentrismo o falta de respeto, quizá no hay una intención de invalidar al otro ni de acaparar la atención”, explicaba Reoyo en una entrevista en Cuidateplus. “Puede revelar algo más profundo.”

Antes de enfadarnos con la persona que nos ha interrumpido vamos a ponernos en su lugar. ¿Puede haber otra motivación?

Puede intentar colaborar en el relato

Sí, el entusiasmo. Una actitud que no es negativa. Para saber la respuesta correcta hay que conocer un poco al otro interlocutor, claro. Pero suele ser una justificación habitual y sin mala intención.

La otra persona quiere conectar contigo y todos los otro posibles oyentes. No busca dominar. Hay gente que vive la conversación como un juego de tenis, de toma y daca. Un intercambio de opiniones.

La prestigiosa lingüista Deborah Tannen lleva años explicando que no todas las interrupciones son ataques. Existe lo que llama “solapamiento cooperativo”, una forma de entrar para mostrar acuerdo, emoción o cercanía.

En algunos grupos casi se considera señal de interés. El problema es que eso, según la educación o el entorno, puede sonar a invasión.

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Puede ser demasiado impulsiva

Otra explicación frecuente es la dificultad para regular la impulsividad. A algunas personas les cuesta esperar su turno, sobre todo si hay, lo unimos al punto anterior:  hay emoción de por medio.

Aquí entra la neurociencia. El córtex prefrontal (la zona del cerebro justo detrás de la frente donde está el pensamiento más analístico) es clave para frenarnos, priorizar o inhibir respuestas automáticas.

Es decir, es el que va a frenar acciones impulsivas. En algunos casos, la interrupción constante se relaciona con rasgos o dificultades más marcadas de ese autocontrol.

El caso más evidente es la hiperactividad, personas con TDAH. Esto no significa que quien interrumpe tenga TDAH; significa que interrumpir puede ser una conducta compatible y, por tanto, no reducirlo todo a que es un egoísta.

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Los nervios y la ansiedad están detrás de las interrupciones.

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El estrés juega malas pasadas

Otra opción que no solemos barajar es el estrés o la ansiedad que puede tener la otra persona.

“El estrés crónico puede afectar la capacidad de escuchar activamente y hacer que uno se concentre más en lo que va a decir que en lo que el otro está diciendo”, apuntaba la psicóloga Reoyo.

Un estudio publicado en Biological Psychology observó que una tensión social aguda puede empeorar el control inhibitorio, es decir, la capacidad de frenar una respuesta impulsiva.

Lo que dedujeron, dicho de una manera clara, es que cuando estás en modo supervivencia, escuchar bien cuesta más, y callarte a tiempo también.

La dificultad de coordinarse

Conversar no es solo hablar por turnos, sino saber coordinarse. A veces falla esa coordinación. En un clásico estudio que dirigió el doctor Uri Hasson, de la Universidad de Princeton, describió que la actividad cerebral del oyente puede acoplarse a la del hablante.

Eso explica que muchas veces tenemos una charla fluida. Pero no siempre. Y cuando la comunicación falla, ese acoplamiento se desvanece.

Esto ayuda a entender por qué algunas interrupciones se sienten tan violentas. En estos casos no es solo que te corten la frase; es que te rompen el ritmo.

¿Qué podemos hacer?

No hay soluciones mágicas para estas situaciones. Lo mejor, si nos molesta y ocurre a menudo, es hablarlo con la otra persona. Cada uno puede poner de su parte

  • Si te descubres interrumpiendo: anota (mentalmente o en el móvil) una palabra de lo que quieres decir y continúa escuchando. Le estás diciendo a tu cerebro: “no lo perderás, calma”. Y si notas ansiedad, respira profundamente antes de ir a interrumpir.
  • Si te interrumpen mucho: pon un límite que no sea un juicio. Por ejemplo, puedes decir: “Déjame acabar esta idea y te escucho”, o “un segundo, que termino y te paso la palabra”.

Si a pesar de todo sientes que esa persona te está ninguneando y no hay otra excusa que el egoísmo por su parte, quizá es una persona tóxica y es bueno cambiar de amistades. Eso también pasa.

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