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En los últimos años, la Casa Real española ha afinado con precisión una estrategia que afecta directamente a la princesa Leonor (20 años) y la infanta Sofía (18 años). Durante su niñez, las hijas de los reyes eran unas completas desconocidas. Don Felipe y doña Letizia cumplieron a rajatabla su deseo de mantenerlas al margen de los focos con la intención de que disfrutaran de una infancia lo más normalizada posible.
Con el paso de los años, su presencia fue ganando más fuerza. Hasta que la Proclamación de Felipe VI las empujó a la primera línea con, ocho y seis años respectivamente. No obstante, fue la mayoría de edad de Leonor, y ahora de Sofía, lo que supuso un punto de inflexión en su camino hacia el trono.

La estrategia de Casa Real con Leonor y Sofía
A pesar de ser miembros de peso dentro de la Familia Real, la vida personal de Leonor y Sofía sigue siendo un misterio. Les rodea un hermetismo que María José Gómez Verdú, experta en protocolo, ha definido como “visibilidad institucional con invisibilidad personal”. La experta habla para Lecturas de un “equilibrio delicado, pero hasta ahora eficaz, entre exposición pública y blindaje privado”.
Las hijas de los reyes ya cuentan con su agenda en solitario que, aunque escasa, fomenta esa idea de independencia de cara a su futuro institucional más inmediato. Pero, además, se han sumado a actos de carácter privado que antes eran impensables, como el reciente funeral de Irene de Grecia. Sin embargo, cuando intentamos indagar más allá en su día a día, la respuesta es el silencio más absoluto.

“La presencia de ambas en actos oficiales ha aumentado de forma progresiva y cuidadosamente calculada. No solo participan en compromisos nacionales, sino también en escenarios internacionales de alto simbolismo”, destaca Verdú. Estos gestos no son, ni mucho menos casuales. Con su mera presencia “proyectan una imagen de continuidad, preparación y sentido de Estado. La heredera aparece integrada en la agenda institucional con naturalidad, mientras Sofía comienza a ocupar su propio espacio”.
Una vida personal rodeada de misterio
Sin embargo, en paralelo a esta creciente proyección pública, se ha levantado un muro prácticamente infranqueable en torno a sus vidas privadas. “Y ese contraste no es un fallo del sistema, sino parte central del plan”, advierte la experta. De Sofía apenas trasciende información sobre su día a día en Lisboa, más allá de lo estrictamente académico. Con Leonor sucede algo similar en su etapa formativa en Murcia: sabemos dónde estudia, pero no cómo vive. No hay filtraciones sobre amistades, ocio o rutinas personales, algo casi insólito en la era de la sobreexposición digital.
Gómez Verdú tiene muy claro que este hermetismo responde, en primer lugar, “a una cuestión generacional y de protección personal”. “Son jóvenes que merecen desarrollarse con la mayor normalidad posible”, pero también a un factor clave que a menudo se pasa por alto: “la seguridad”.

En el contexto actual, donde la hiperconectividad facilita la localización, el seguimiento y la exposición no deseada, “la discreción sobre rutinas, entornos y relaciones no es solo una elección comunicativa, sino una medida preventiva”. “Cuanta menos información circule sobre su vida cotidiana, menor es la vulnerabilidad frente a riesgos potenciales”, afirma la experta con convicción.
El futuro de Leonor y Sofía en la Corona
El equipo de la Casa Real lleva años trabajando en el papel institucional de Leonor y Sofía con un objetivo claro: construir figuras institucionales antes que personajes mediáticos. Esto explicaría ese silencio que rodea a su vida real. “Así la Casa Real reduce el riesgo de banalización y preserva el valor simbólico de sus apariciones públicas. Cada imagen oficial, cada discurso, cada acto al que asisten mantiene un peso específico, porque no compite con una narrativa paralela de rumores o vida social”, nos explica la experta.
Esto si ocurre con otros miembros de la familia del Rey como Victoria Federica quien, por decisión propia, si se ha convertido en un personaje más allá de su apellido.

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Esta política marca una diferencia clara con otras casas reales europeas, donde los herederos han crecido bajo una exposición constante que mezcla lo institucional con lo personal. En España, la línea es nítida: “lo público pertenece a la institución; lo privado, a la persona”. Y esa frontera, aunque a veces genere curiosidad y de lugar a la especulación, refuerza de alguna forma su credibilidad de cara a su futuro en la Corona.
María José Gómez Verdú hace una reflexión final: “La Casa Real ha logrado que Leonor y Sofía estén presentes sin estar expuestas, visibles sin ser vulnerables, cercanas en el plano institucional pero protegidas en el humano. Un equilibrio difícil pero eficaz en tiempos de redes sociales y cultura de la inmediatez”.


