Esta empresa siderúrgica acelera su traslado a la India y pone en riesgo 450 puestos de trabajo en Asturias

El nuevo impulso al traslado de servicios de ArcelorMittal a la India ha encendido todas las alarmas en el ámbito laboral e industrial europeo. Lo que inicialmente se presentó como un ajuste limitado se ha convertido ahora, según denuncian los sindicatos, en un plan triplicado en alcance, con un impacto potencial sobre miles de empleos en distintos países. Asturias figura entre las regiones más afectadas, con alrededor de 450 puestos de trabajo en riesgo, una cifra que vuelve a situar a la comunidad en el epicentro de la preocupación industrial.

El anuncio se produjo en el marco de un consejo de empresa europeo extraordinario, donde la multinacional siderúrgica comunicó el inicio de una nueva fase de análisis para reorganizar sus funciones de apoyo. Este movimiento, interpretado por las organizaciones sindicales como un paso previo a una deslocalización masiva, supone ampliar de forma significativa la propuesta inicial y extenderla a prácticamente todas las entidades europeas del grupo.

Desde el comité de empresa europeo y desde CCOO se subraya que el proceso se está planteando sin una evaluación detallada de las consecuencias humanas, sociales e industriales, lo que genera una sensación de incertidumbre profunda entre las plantillas. En un sector ya tensionado por la transición energética y la competencia global, este giro estratégico añade presión sobre territorios con una fuerte dependencia histórica del acero, como es el caso de Asturias.

Un impacto laboral que va más allá de las cifras oficiales

Según las estimaciones sindicales, el plan ampliado podría afectar a cerca de 5.600 puestos de trabajo en una veintena de países, una dimensión que da cuenta de la magnitud real de la operación. Aunque no todos los empleos se perderían de manera inmediata, los representantes de los trabajadores advierten de un riesgo estructural para el empleo cualificado en Europa, especialmente en áreas de soporte clave para el funcionamiento industrial.

En Asturias, los 450 empleos señalados corresponden en su mayoría a perfiles técnicos y especializados, lo que agrava el impacto potencial. No se trata de puestos fácilmente reemplazables ni de funciones periféricas, sino de trabajadores con conocimiento profundo de los procesos, los sistemas y la realidad de las plantas. La salida de estos perfiles supondría, según los sindicatos, una pérdida difícilmente reversible.

Además, las organizaciones laborales insisten en que el efecto real del plan no se limita al empleo directo. La siderurgia arrastra una amplia red de empresas auxiliares y subcontratas que dependen de las funciones de apoyo ahora amenazadas. En este sentido, alertan de un daño colateral significativo sobre el empleo indirecto, especialmente en actividades de servicios, ingeniería y mantenimiento que sostienen el día a día de las instalaciones.

Las funciones de soporte, en el centro de la deslocalización

El núcleo del plan de traslado se concentra en las funciones de apoyo corporativo, consideradas estratégicas por su papel transversal en toda la organización. Entre los colectivos afectados destacan los profesionales del ámbito informático y tecnológico, responsables del mantenimiento de sistemas, la ciberseguridad, el soporte de aplicaciones y la gestión de infraestructuras digitales.

Junto a ellos, también se verían impactados proveedores y equipos vinculados a la ingeniería, la logística, la consultoría y los servicios técnicos especializados. Para los sindicatos, esta elección no es casual: se trata de áreas donde la multinacional considera que puede centralizar tareas y reducir costes, aunque ello implique alejar la toma de decisiones de los centros productivos europeos.

Desde el comité de empresa europeo se advierte de que desconectar las competencias del terreno puede generar problemas operativos a medio plazo. El conocimiento local, la proximidad a las plantas y la interacción directa con los equipos productivos son factores clave para garantizar la eficiencia y la seguridad. Externalizar estas funciones, señalan, supone asumir riesgos industriales que no siempre se reflejan en los balances financieros.

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