La esposa de Alberto de Mónaco cumple 48 años y recordamos cómo se forjó su leyenda de ‘princesa triste’

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Por más que lo intentaba, no le salía. Charlene Wittstok sabía lo que eran los sacrificios. Desde niña los conocía muy bien. Gracias a ellos había llegado a lo más alto de la carrera olímpica; sin embargo, el de aquel día de 2011 era demasiado hasta para ella. Trató de dibujarse una sonrisa, pero no había manera. Lloraba y lloraba. Se casaba con el príncipe de Mónaco, sin embargo, aquello no se sentía como un cuento de hadas.
Charlene lloró a mares durante su boda con Alberto
Los medios de hace 15 años lo disfrazaron de emoción desbocada. Pero la verdad era otra distinta. La novia, semanas atrás, había intentado oponerse a su destino como si fuera la protagonista de una película. Intentó fugarse del principado. No una ni dos ¡lo trató hasta en tres ocasiones! Pero todas fueron igual de infructuosas y todas acabaron con ella vestida con un modelo blanco de Armani, del brazo de su padre y caminando hacia Saint Devote. Su destino estaba sellado.
La candidata perfecta
La sudafricana y el monegasco se habían conocido en un Encuentro Internacional de Natación en Montecarlo en el año 2000. Él ya pasaba de los 40 años, tenía dos hijos ilegítimos y sentía que la presión era apremiante. Debía conocer a una buena chica cuanto antes y, cuando se cruzó con la nadadora, pensó que ella era la indicada. Con una imagen atlética y elegante, la rubia reunía muchas similitudes con la figura de su progenitora. Grace Kelly había envuelto con su glamour hollywoodiense el principado, epítome del glamour desde principios del siglo XX.
Charlene y Alberto oficializaron su relación en 2006 y se casaron en 2011
Seis años después de aquella primera presentación, llegó la confirmación de su romance. Entonces Charlene ya arrastraba una fama de mujer sumida en la pena, de triste sin remedio que le sigue acompañando veinte años después, pero que se hizo especialmente palpable el día de su enlace.
A Charlene se la notaba incómoda con rostro compungido
Charlene no parecía estar ni relajada ni a gusto. Es más, no parecía querer estar ahí caminando hacia el altar. El público tenía como referente otras historias de amor monegascas en las que sus protagonistas se habían vuelto locos de amor. Ahí estaba Carolina con sus dos bodas, primero con Phillippe Junot y después con Stéfano Casiraghi. Por no hablar de Estefanía, que había perdido la cabeza con Daniel Ducruet y Adans Lopez Peres. Sin embargo, algo fallaba en la pareja formada por Alberto y Charlene. Entre ellos había algo de relación aséptica. De falta de calor.
Las tres huidas de Charlene
Su falta de complicidad y de contacto físico alimentaba los rumores que apuntaban a que la deportista cumplía una función meramente instrumental: estaba ahí para traer al mundo a un heredero. Y esto, no incluía el romanticismo en ninguna de las cláusulas. Entonces empezaron a circular las informaciones que aseguraban haber visto a la próxima princesa de Mónaco tratando de abandonar el principado a escasos días de la ceremonia.
Se publicó que Charlene había tratado de fugarse de su destino hasta en tres ocasiones
El semanario francés L’Express fue el medio que señaló los tres intentos de huida de la sudafricana. Y, cada uno de los mismos, tuvo un motivo distinto. El primero habría sido al sentirse ultrajada cuando se publicó que su futuro marido tenía un tercer hijo ilegítimo. Un niño que, supuestamente, vino al mundo mientras que ella ya era novia de Alberto. El caso llegó a los tribunales y quedó demostrado que el pequeño no compartía sangre con el príncipe.

¿Cuál fue el plan entonces de Charlene? Aprovechar que iba a probarse su vestido de novia en París y hacer una pequeña escapada a la embajada de Sudáfrica, donde trató de buscar amparo. No lo consiguió.
Pero esto no la hizo desistir. La siguiente vez que probó suerte fue en pleno Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco, una de las citas más destacadas en la agenda de la familia real. Aprovechando el tumulto y la confusión, ella trató de dejar atrás el país; pero fue rápidamente sofocado.
Una de las veces que trató de fugarse hasta le requisaron el pasaporte
Con el que llegó más lejos fue con el tercero. Lo tenía todo previsto. Obtendría su libertad vía Niza, así que compró unos pasajes de avión y cruzó los dedos. No debió usar suficientes amuletos, pues, tal y como llegó al aeropuerto, la detuvieron y hasta le retuvieron el pasaporte… por si volvía a probar una cuarta. No la hubo, con esta acabaron los intentos de evasión. Al menos, hasta entonces.
No consigue encontrar su sitio
Charlene selló su destino un 1 de julio de 2011 y lo volvió a reconfirmar cuando, tres años más tarde, alumbró a dos bebés, una niña y un niño. El heredero al fin. Esto no le dio ni más libertad ni más peso en la institución. Ahora quedaba atada, de por vida, a la Casa Real; puesto que los bebés pertenecían a la Corona. En el caso de alejarse de la misma, debería pagar un precio demasiado alto y renunciar a sus vástagos, ¿y qué madre querría algo semejante?
Sus dos hijos mellizos ahora son su gran prioridad y lo que la mantiene atada a Mónaco
En todo este tiempo, las cosas no han mejorado para Charlene. La princesa de Mónaco sigue sin terminar de encajar en la familia de su marido, especialmente con su hermana mayor, Carolina. Sí, es cierto que Estefanía le ha ofrecido mayor consuelo. Ella sabe bien lo que es sentirse desplazada en un entorno como ese; así que siempre le ha ofrecido los mayores gestos de cariño.
Charlene no ha terminado de encajar en todos estos años que lleva instalada en el principado
En 2022 protagonizó uno de los episodios más extraños desde que llegó a Mónaco y eso que el listón estaba muy alto. Entonces, mientras estaba de visita en su hogar natal, en Sudáfrica, se encontró indispuesta. Los días pasaban y pasaban… y Charlene no volvía a Mónaco. Dijeron que contrajo una enfermedad en las vías respiratorias. Pasaron meses hasta que regresó a palacio, y, cuando lo hizo, volvió a desaparecer. Esta vez, recluida en una clínica de Suiza. Por un tremendo cansancio o, como dejó caer la periodista Pilar Eyre, por una operación de cirugía que salió mal.
A sus 48 años, la princesa rehén sigue siendo una nota discordante en la armonía perfecta de los Grimaldi. Pero, por mucho que lo intente, siempre sonará desafinada. Algo verdadera inadmisible para la maestría perfecta de su cuñada Carolina.


